miércoles, 10 de marzo de 2010

Mi Abuelo David.


LA CHARCHINA DEL ABUELO



Hoy que pasé prácticamente todo el día de mi descanso trabajando en una parte de la Combi que tal vez nunca nadie se va a fijar (pueden ver el avance en el blog de La Ranfla), estuve pensando en alguien y en una sensación especial que se tiene cuando trabajas en un carro clásico.
Esa persona era mi Abuelo David y este sentimiento creo haberlo experimentado las primeras veces con él mientras pasábamos horas, todos los domingos en el patio de su casa, cuando Yo apenas contaba con unos 6 ó 7 años.
Todos siempre dicen (salvo mi Papá su yerno) que él tenía un carácter horrible y nada de paciencia, pero no conmigo, ya que yo no tengo registro en mi memoria de algún grito o regaño hacia mí, no así para mis hermanos que sufrían de su genio cada vez que como casi todo niño corrían, gritaban o destruían algo en su casa.

Para conmigo todo era totalmente diferente, aun recuerdo a la perfección a su “Charchina”, como él llamaba a su Renault Dauphine al que no dejaba que nadie tocara y en el que yo pasaba horas imaginando que manejaba, que cuando creciera le iba a pedir que me lo regalara, todavía tengo en la memoria como si fuera una fotografía muchos detalles de ese auto que mi abuelo adoraba, recuerdo las veces en que pude salir a dar alguna vuelta con él y yo me impresionaba porque era el único carro que conocía en el que se podía ver la carretera por el piso del auto y además se prendía con un “cran” dándole cuerda a su motor, además de ese aroma de coche viejo, a vestidura quemada con el calor que hasta la fecha me encanta, no dudo que de ahí me naciera el amor por los autos viejos.

Otra cosa que aprendí de él fue el orden e implementar sistemas para que todo fuera más sencillo, todavía puedo verme con él en su bodega de “chacharas” a la que nadie tenía acceso sin su permiso ayudándole a separar en botes de leche “Nido” perfectamente identificados, un montón de tuercas, tornillos, pijas, clavos, roldanas, remaches aprendiendo la diferencia entre todas, así como era el único niño de mi escuela que sabia la diferencia entre una llave de ½ o una de 10mm.
Yo no lo sabía en ese entonces pero mi Abuelo era un estupendo mecánico parte de la prestigiada Asociación Mexicana de Automovilistas (A.M.A.), que por suerte tuvo tiempo de enseñarle un par de cosas a mi padre y el a su vez a mí.

Para mí, mi abuelo era un sabio y nunca dejaba de sorprenderme, desde la crema mágica que nos quitaba la grasa de carro de las manos hasta el introducirme en el arte de saber escoger un buen palo para ahuyentar a los perros cuando íbamos a ver a Don Marcelo el de la carnicería.
Es una lástima que al mudarnos a 500 km de distancia de él ya no volvería a verlo jamás, y por muchos años tuve ese reproche contra mi madre de no haberlo traído a vivir con nosotros, hasta que ahora de adulto comprendo lo difícil que es mantener a una familia y aun mas lo hubiera sido con alguien de la tercera edad, y solamente pienso que fue una verdadera pena.

Pues sí, sigo pensando que fue una tragedia que una persona como él que alguna vez fue Don David Arguello Suarez un ser talentoso, que practicaba deporte, quien disfrutaba de crear música y ser un erudito de los automóviles, pasara a morir como “Don Davis” victima del alcohol y la soledad después de muchos años de desmotivación y desesperanza a raíz de la muerte de mi abuela, y que su alma seguramente también murió junto con Ella, solo que su cuerpo no lo supo hasta una década después.

A pesar de que otros piensen lo contrario, yo sé que era su nieto favorito, lo cual me demostró después de morir y al buscar en su mueble secreto tenía guardados los mazapanes que yo le regalaba cada domingo junto a sus cosas más queridas.

Abuelo tú también eres mi favorito, y te agradezco todo lo que queriendo y sin querer me enseñaste, y solo te pido una disculpa porque sigo creyendo que todos pudimos haber hecho algo mas por ti.
.

Mejor no emprendas nada!

En últimas fechas he tenido la oportunidad de colaborar con muchas personas en diferentes tipos de proyectos, algunos míos y otros en los...